Como llegar a San Sebastian y no perderse en el intento
Marzo 7, 2008 on 12:18 am | In bodas, amigos, ciudades | 1 CommentSi una cosa teníamos clara cuando Rodrigo nos invitó a su boda en San Sebastian era que para desplazarnos utilizaríamos el avión. Este nos permitiría estar en 1 hora en San Sebastian y nos evitaría un viaje de vuelta eterno.
El viernes pintaba bien. Nos íbamos a encontrar con un montón de amigos e íbamos a disfrutar de la boda de Rodrigo y Ainara.
La primera cosa que aprendimos fue que no es lo mismo llegar a la T4 del aeropuerto de Barajas cuando quedan 44 minutos que cuando quedan 45 (prometo que la próxima vez llegamos con 1 hora). Más que nada porque corres el riesgo de que cierren el vuelo y te quedes en tierra. Sobre todo cuando venden más plazas de las que lleva el propio avión.
Destrozados y viendo pocas posibilidades de llegar ese viernes a San Sebastian vimos como se iba nuestro avión y nosotros no estábamos dentro. La lista de espera solo nos agració con un asiento y, por lo menos, Diego pudo embarcar. Todo hay que decirlo, pero con la Iberia Plus Oro te embarcan si o si. Cosa que no entiendo si no hay más plazas ¿Quizás habría volado de copiloto?
Ya no quedaban más vuelos hasta el sábado. O perdíamos la noche del viernes o buscábamos alternativas. Aquí llego la gran idea. “Volemos a Vitoria”. Total, a 100km de San Sebastian, alguien se podrá acercar a buscarnos, un tren o cualquier otro medio de transporte nos serviría.
Volvimos a montar en el avión un poco alicaídos ya que las gestiones (muchas gracias Juancho) fueron negativas. Ni coche de alquiler, ni trenes, ni autobuses,… Íbamos en el avión pensando en que Vitoria sería parada y fonda. Pero al llegar al aeropuerto de Vitoria la fortuna se puso de nuestra parte. AVIS estaba abierto.
Aunque buscábamos un coche sencillo nos tuvimos que conformar con una Fiat Doblo. Bendita Fiat Doblo. Carretera y manta pusimos destino nuevamente a San Sebastian. Y en otra hora llegábamos a la ciudad Donostiarra. La cual nos depararía un fantástico fin de semana.
Si hubo una cosa que me hizo tirar adelante (y eso que me ofusqué en un principio) fue que se casaba uno de tus mejores amigos, que invito a nuestros amigos de la infancia, del instituto, con los que hacía teatro y la gente de la Universidad. Creo que hubiese ido a San Sebastian andando si hubiese echo falta. Supongo que a Julio, Amaya y a mí no se nos olvidará esta historia nunca.
Y para terminar, una cosa. Julio, tenías razón, lo que nos pasó significaba que el fin de semana iba a ser perfecto. Y doy fe de que lo fue.
Boda de Juancho y Anabel
Septiembre 24, 2007 on 2:32 pm | In bodas, fotos, amigos | 3 CommentsJuancho y Anabel ya son marido y mujer. Al final, el tiempo nos respeto y pudimos disfrutar de la boda bejarana.
Fuimos llegando a cuentagotas a Bejar para cenar la noche del viernes, junto con todos los amigos de los novios, en Los Tejos. Sitio idílico. Podríamos decir que son las mejores vistas de Bejar.
Diferentes manjares saciaron nuestra gula y el alcohol ayudó a desinhibirnos.
Algunos prolongamos la fiesta más que otros y acabamos visitando los diferentes garitos de la zona de marcha Bejarana (Ozú, Vettonia,…).
A última hora, las copas de más y las luces roja y azul del coche de Peñalvo hicieron que nos fuésemos con unas risas a la cama.

El alojamiento fue en la casa rural La Centena. Acogedora, rural, con hermosas vistas de la sierra bejarana. El camino de acceso puso a prueba los bajos de nuestros coches.
El sábado amaneció soleado (seguro que obra de Santa Clara). Con pocas horas de sueño bajamos a Bejar en busca de víveres para la comida. El Pollo Express fue nuestra salvación.
Sol, jardín, mesa de piedra, vino y una buena sobremesa hicieron el resto. Para acabar con una siesta reponedora.
A las 19h celebración en El Castañar. Iglesia pequeña, pero suficiente para albergar a los asistentes.
La misa, corta, que es de agradecer. Las lágrimas empezaron a difuminar más de un rimel. A la salida, confetis, arroz y traca valenciana para celebrar el “si quiero”.
Como es menester hicimos tiempo yendo a los bares cercanos al hotel para tomarnos unas cañas. A las 21:30 estábamos sentados en la mesa número 11.

El ritmo del convite fue el adecuado, suficiente como para, entre plato y plato, mantener una amena conversación. Algunos solomillos, aguas y demás se nos perdieron en el fragor de la comida. Lo cual nos llevó a tomar posiciones defensivas para cuidar de nuestros manjares. Una de esas anécdotas que recordaremos en el futuro.
Después, llegó el baile. Nacho desplegó sus artes en la pista. No falto, ni el vaso en el suelo, ni la camisa desabrochada, ni “la polla y los huevos” (1).
Aunque los zapatos del festejo hicieron estragos en el grupo, la parte masculina alargó la noche por Bejar. Olé y Vetonia. A alguno se le quedó la espinita de no visitar el “Pink Floyd”.
Una barra recién horneada y una empanada indivisible pusieron punto y final a la noche.
El domingo, comida en Bejar, visita de unos novios cansados pero felices y retorno a casa (algunos con más problemas que otros, pero eso es digno de otro artículo).
(1) Cántico popular.
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